ReconoSer
- Sara Córdoba Carvajal
- 29 abr
- 17 Min. de lectura
Agradecimientos
Agradezco profundamente a la escena Ballroom Pereira, pues sus historias, energía y pasión han sido la fuente de inspiración y el corazón de este proyecto. Gracias por abrir sus corazones y compartir sus experiencias; su existencia y resiliencia han iluminado cada paso de esta investigación y han dado vida a esta serie fotográfica.
A mis amigxs, su apoyo incondicional ha sido fundamental para la realización de este proyecto. Gracias por sus palabras de aliento, por sus ideas creativas, por estar siempre presentes y por su fe en mí. Su colaboración y amor han sido esenciales en cada etapa de este proceso y son fuente constante de motivación y fortaleza.
Resumen
En este artículo creativo se explora cómo la identidad se configura en el contexto de la diversidad y la inclusión, destacando la importancia de la cultura Ballroom como un espacio de resistencia para comunidades vulneradas, especialmente para personas negras y LGBTIQ+. A través de una serie fotográfica documentada en la escena Ballroom de Pereira, se celebra la multiplicidad de identidades y expresiones presentes, desafiando los estereotipos y prejuicios que han permeado la representación mediática. La investigación reflexiona sobre el poder transformador de la imagen en la construcción de identidades auténticas y resilientes, subrayando cómo el acceso a la creación y difusión de imágenes ha contribuido significativamente a la inclusión y diversidad.
Este artículo analiza las consecuencias de la marginalización histórica y la necesidad de un futuro inclusivo y respetuoso de todas las identidades. Se destaca cómo la imagen se ha convertido en un medio de resistencia y cambio social al dar voz y visibilidad a aquellos marginados, construyendo identidades auténticas en un mundo cada vez más visual. En última instancia, este artículo no solo documenta la experiencia cultural del Ballroom, sino que también celebra la capacidad de la imagen para desafiar los paradigmas establecidos y construir narrativas inclusivas que reflejen la diversidad de la sociedad contemporánea.
Introducción
En el amplio espectro de la diversidad y la inclusión, la identidad emerge como un concepto fundamental que configura tanto la experiencia individual como la colectiva. En un mundo saturado de información, comprender cómo se construye la identidad en el contexto actual implica explorar las diversas y extensas dinámicas sociales y culturales que influyen en este proceso, como el racismo y la homofobia, los cuales pueden obstaculizar la autoafirmación y la expresión auténtica de las personas. Desde esta perspectiva, la cultura Ballroom emerge como un espacio de resistencia y afirmación para comunidades vulneradas, especialmente para personas negras y LGBTIQ+.
En el presente artículo creativo se desarrollará una propuesta visual que no solo documenta, sino que también celebra la multiplicidad de identidades y expresiones presentes en la escena Ballroom Pereira. A través de una serie fotográfica se documenta las experiencias y estéticas de algunas casas, así como de algunxs 007 que integran esta comunidad. Esta serie, como manifestación artística, se convierte en un acto de empoderamiento y visibilización, desafiando los estereotipos y prejuicios que han permeado durante mucho tiempo la representación mediática.
La pregunta que surge en esta investigación, "¿y mañana qué?", impulsa a reflexionar sobre las consecuencias de una historia de marginalización y la necesidad de un futuro inclusivo y respetuoso de todas las identidades. El objetivo principal de este artículo es analizar cómo el acceso a la creación y difusión de imágenes ha transformado la representación de las comunidades, contribuyendo significativamente a la inclusión y a la diversidad. Al dar voz y visibilidad a quienes han sido tradicionalmente olvidados, la imagen se convierte en un acto de resistencia y un medio de cambio social. Este artículo no solo documenta un movimiento cultural, sino que también celebra la capacidad de la imagen para construir identidades resilientes y auténticas en un mundo cada vez más visual.
Marco teórico
Para hablar de identidad, es importante recurrir a pensadores que han explorado este concepto, ya que la perspectiva es cambiante según las realidades individuales y colectivas. Sin embargo, existen patrones comunes que permiten que un sujeto se identifique o no en un espacio determinado.
La identidad puede dividirse en individual y colectiva, cada una son sus propias distinciones. Según Giménez (2005) la identidad individual es “un proceso subjetivo y frecuentemente auto reflexivo por el que los sujetos individuales definen sus diferencias con respecto a otros sujetos mediante la auto asignación de un repertorio de atributos culturales generalmente valorizados y relativamente estables en el tiempo”. Esto implica que la identidad es aquello característico o representativo de un individuo y se basa en la apropiación de repertorios culturales y experiencias vividas, por ende, es posible decir que, aunque el individuo participa en la definición de su identidad, esta es determinada por los elementos dados por su entorno.
Este proceso de construir(se) en la actualidad obliga a considerar también las culturas digitales, las cuales amplían las fronteras y de cierta manera facilitan el pensar(se), pero así mismo pueden generar identidades líquidas que se modifican en cada interacción con el entorno, pues “las identidades y sus representaciones son constantemente imaginadas y re-imaginadas, actuadas y re-actuadas dentro de situaciones específicas y dentro de contextos socioeconómicos y políticos que siempre cambian y que proveen espacios para sus negociaciones y renegociaciones, sus definiciones y redefiniciones”. (Madany de Saá, 2000)
Sin embargo, durante este proceso de reconocerse hay construcciones sociales que dificultan y/o afectan la percepción que se tiene de sí mismx, los estereotipos o prejuicios son imágenes negativas que dan figuración a identidades negativas, donde el ser incomoda, es “incorrecto” y obliga a las personas a pensarse desde lo socialmente aceptado.
Los estereotipos y prejuicios creados alrededor de un grupo social giran en torno a ideas preconcebidas que homogenizan la identidad de los individuos que pertenecen a él. Las personas negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras, han sido durante siglos víctimas del racismo, el cual está fundamentado en la idea de superioridad racial inserto en el imaginario de un colectivo que, sumado a su naturalización, dificulta e incluso niega su existencia como problema social y justifica estas opiniones que finalmente promueven discursos de odio bajo el precepto de la libertad de expresión. Al respecto, es importante destacar que en su ejercicio atentan y vulneran la identidad e integridad de un sujeto o grupo étnico siendo inadmisible.
Como lo menciona Pineda (2018) “Los pueblos originarios de América y África fueron diferenciados, convertidos en otredades, considerados inferiores, salvajes, amenazadores, para justificar su dominio y explotación”. Dinámica que persiste en la actualidad de maneras más sutiles, pero igual de hirientes, generando un impacto social negativo en las comunidades negras, dado que la representación mediática y cultural que encuentran y que permite construir sus identidades está marcada por la estigmatización e invisibilización. Los discursos y los criterios bajo los cuales la gente negra es imaginada, percibida y representada suelen hacerse de 3 formas:
Invisibilidad total: Se trata de la ausencia de personas negras en los medios, condenándolos a la invisibilidad frente al resto de la sociedad, irreconociéndolos como parte de esta.
Representación estereotipada: Aparición en los medios con una distorsión de su imagen frente a otros, son los principales operadores del racismo puesto que validan esta ideología.
Sobrerrepresentación como comediantes: Representación en un mismo rol, el de comediante o humorista, sugiriendo que el cuerpo negro es un medio de entretenimiento.
Según Almeida (1996) “Esto incluso genera en algunas personas un compulsivo desprecio por sí mismos y el frenético afán de reprimir todo rasgo que los delate como ligadas a tales poblaciones”. Ante esto, los medios de comunicación masiva y la democratización de la imagen se convierten en los encargados de transmitir contenidos que ofrezcan una representación mediática diversa, contribuyendo a la creación de discursos y significados que dotan de sentido las vivencias y realidades personales de todos los sujetos.
En la sociedad actual la diversidad y la diferencia son conceptos que aún no son valorados debido a la hegemonía cultural, pues se antepone lo convencional frente a lo heterogéneo, socavando así los esfuerzos por integrar y aceptar las múltiples identidades, costumbres y pensamientos existentes en una cultura, perpetuando finalmente la exclusión y discriminación.
Con todo lo anterior, es posible entender que, no sólo las personas negras han vivido durante siglos bajo el yugo de la hegemonía racial y cultural, las personas de la comunidad LGBTIQ+ también emergen con gran fuerza como población vulnerable a la cual se le ha rechazado y se le han violentado sus derechos, dado que la sociedad se rige bajo un modelo heteropatriarcal y cisgénero arraigado a lo tradicional.
Según Blumenfeld (1992) la homofobia es “aquella actitud que opera en varios niveles: personal (sistema de creencias o prejuicio, según el cual los homosexuales son conceptuados como psicológicamente perturbados e inferiores a los heterosexuales); interpersonal (cuando un prejuicio afecta las relaciones entre los individuos, transformando el prejuicio en su componente activo, la discriminación); institucional (prácticas sistemáticas de discriminación en contra de los homosexuales, en las que participan gobiernos, organizaciones religiosas, educacionales, profesionales y familiares); cultural (normas sociales o códigos de comportamiento, que, aunque no están expresamente escritas en una ley o política, trabajan dentro de la sociedad para legitimar la discriminación), y moral (conjunto de normas y códigos morales explícitos e implícitos que tienden a desmoralizar cualquier práctica homoerótica o comportamiento que evidencie un cierto desvío o transgresión de una supuesta ley natural)”.
Como es mencionado por el autor, la homofobia opera bajo estereotipos y prejuicios que no sólo rechazan, violentan y/o silencian a las personas homosexuales, sino a toda una comunidad que ha construido múltiples identidades alrededor de la diversidad de género y de orientaciones sexo/afectivas. A pesar de que las industrias mediáticas se han encargado de dar mayor visibilidad a esta comunidad, aún suele hacerse desde la representación estigmatizada, limitada y distorsionada, afectando no sólo la percepción de los demás, sino también la auto percepción, dado que refuerzan el ideal o el “deber ser” impuesto por la sociedad.
La homofobia puede manifestarse de manera explícita o simbólica. La primera se caracteriza por el uso de la violencia física para expresar odio y desaprobación, mientras que la segunda se manifiesta a través de actos y expresiones más sutiles. No obstante, ambas formas de homofobia desencadenan una serie de efectos negativos, tales como:
Problemas de autoestima.
Abuso de alcohol y sustancias psicoactivas.
Falta de autocuidado en la salud sexual.
Sobreesfuerzos por encajar en una relación heterosexual o cumplir los roles establecidos de feminidad y masculinidad.
Mayor probabilidad de atentar contra su vida.
Mayor probabilidad de desarrollar algún trastorno mental.
Así, la identidad, aun tratándose de un constructo personal que define quién eres, cómo te presentas ante el mundo y qué te hace diferente de los demás, se ve afectada por ambas formas de discriminación. Estas generan efectos psicosociales en las personas que las experimentan, efectos que van desde el desprecio por sí mismxs hasta vivir en función de demostrar lo contrario de los estereotipos y prejuicios que les han sido adjudicados, relegando a un segundo plano el reconocimiento consciente y libre de su propia identidad.
Ante la falta de espacios donde las “otredades” pudiesen existir y celebrar su identidad sin restricciones surge la Cultura Ballroom, un espacio de resistencia política y social, expresión y liberación para la comunidad LGBTIQ+. Nueva York se sitúa como la ciudad pionera, donde se gestó y fundó la cultura, específicamente en los barrios marginados de Harlem a principios del siglo XX. Es importante destacar que, si bien esta cultura se conformaba principalmente por personas LGBTIQ+ cuyos derechos habían sido históricamente vulnerados, lamentablemente, se evidenciaba la perpetuación de actitudes discriminatorias hacia personas negras y latinas dentro de la comunidad. En este contexto, aquelles que quisieran participar de los balls se veían obligadxs a aclarar el tono de su piel para ser aceptadxs, aun así, esto no les garantizaba un reconocimiento digno o la posibilidad de ganar.
A partir de este contexto, Crystal LaBeija emerge como figura central al denunciar las injusticias y proclamar su icónica frase “¡Tengo derecho a mostrar mi color, querida! ¡Soy hermosa y sé, que soy hermosa!” (1967). Junto con Lottie LaBeija fundan el primer ball pensado por y para personas negras y latinas, introduciendo así el concepto de 'casa' en el imaginario colectivo e incorporando nuevas categorías competitivas.
Las casas surgen como respuesta frente al rechazo y la exclusión que enfrentaban las personas del colectivo por parte de sus familias, debido a su orientación sexual y/o identidad de género, construyendo familias por elección que se convirtieron en una red de apoyo y conocimiento, representando un hogar para muchxs. Las casas suelen estar conformadas por madres o padres, los cuales cumplen con el rol de guía para sus hijxs y estxs últimos son los que suelen participar y competir en los balls. En el Ballroom también están las personas 007, las cuales no hacen parte de una casa específica, ya sea por elección personal o por estar en proceso de encontrar la casa que mejor se adapte a su identidad y aspiraciones; sin embargo, representan parte fundamental en la cultura al organizar balls, compartir conocimiento, contribuir a la diversidad y competencia con sus estilos y habilidades únicos.
Ahora bien, los balls son competencias con diferentes categorías donde los participantes, ya sea organizados por casas o como 007 “caminan” frente a un jurado, que evalúa sus habilidades y les premia. Pero más allá de ser espacios de competencia, son espacios seguros de autoexpresión y resistencia donde las personas LGBTIQ+ y de diversidad racial pueden celebrar su identidad y cultura libremente.
Entre las categorías del Ballroom están:
Voguing: Un estilo de baile caracterizado por movimientos precisos, poses inspiradas en las revistas de moda, y elementos como el duckwalk, catwalk, hands performance y spins & dips.
Rostro: Evalúa la belleza facial, es decir, piel, sonrisa, ojos, nariz y estructura.
Pasarela: Los competidores desfilan como en una pasarela de moda, mostrando elegancia, actitud y presencia.
Moda: Se muestra el sentido de la moda y el estilo persona, generalmente con vestuarios diseñados para impresionar y destacar.
Realness: En esta categoría, los participantes intentan pasar por un estereotipo específico de género o identidad, tales como Butch Realness, Femme Queen Realness, y Schoolboy Realness. La autenticidad y la habilidad para "mezclarse" en la sociedad mainstream son clave.
Sex siren: celebra la sensualidad y capacidad para cautivar y seducir al panel de jueves y al público
Todas estas categorías emergen como una respuesta vibrante y poderosa frente a la exclusión y la discriminación históricamente sufridas por las personas negras y la comunidad LGBTIQ+, el Ballroom no solo desafía las narrativas dominantes de opresión, sino que también ofrece un modelo alternativo de comunidad y apoyo, mostrando el camino hacia una sociedad más inclusiva y justa, donde todas las personas puedan vivir y expresarse libremente.
Metodología Creativa
Para abordar las múltiples temáticas de este artículo se adoptó un método cualitativo de recolección de información, la observación no participante; siendo la escena Ballroom Pereira el centro de esta investigación. Como se mencionó en el marco teórico, este espacio congrega a las “otredades” y los “nadie”, resignificando estos discursos y convirtiéndose en un espacio seguro para perteneSer, reconoSer y Ser.
Antes de iniciar la observación, se realizó una investigación previa para definir los objetivos de la serie fotográfica. Este proyecto busca visibilizar las culturas apartadas a través de fotografías que reflejan la multiplicidad de sus identidades y expresiones de género, contribuyendo así a su reconocimiento y representación. Al hacerlo, se pretende también desafiar los estereotipos y prejuicios existentes a su alrededor, promoviendo una mayor inclusión y diversidad en la sociedad. Además, es fundamental construir memorias colectivas que preserven y honren las experiencias de personas y comunidades, reconociendo así su historia, cultura, luchas y logros.
Durante esta observación no participante, se tuvo un primer acercamiento a la Cultura Ballroom, específicamente en un Kiki Ball en la Universidad Tecnológica de Pereira. Allí se realizó un prototipo de lo que sería la serie fotográfica, capturando el sinfín de emociones presentes en un ball, desde la emoción colectiva hasta la apasionada competencia, así como las diversas personas y casas que lo conforman. Este método permitió una observación sin intervención, garantizando la autenticidad de las interacciones capturadas.
A partir de esta experiencia, se definieron el concepto y el género fotográfico de la serie, resultando fundamental considerar que la escena nace a partir de quienes la conforman; su identidad y corporalidad son esenciales para transmitir la emoción y pasión, aspectos que se lograron capturar mediante el retrato. Además, la escena Ballroom se ha caracterizado desde sus inicios por su presencia en el espacio público, resaltando la importancia de mostrarse; por ende, el concepto se desarrolló en las calles de Pereira, en lugares significativos para sus integrantes.
El proceso creativo incluyó la experimentación con diversas técnicas fotográficas. El dreamy effect fue la técnica seleccionada por su capacidad para resaltar la estética visual y enriquecer la narrativa visual y emocional de la serie. Este efecto resalta la estética y la extravagancia propias de este espacio; refuerza el significado del Ballroom para sus participantes, transmite calidez y acogida a través del desenfoque y los bordes suavizados, e intensifica la carga emocional presente en cada imagen.
La metodología adoptada no solo ha permitido una profunda inmersión en la escena Ballroom de Pereira, sino que también ha facilitado la creación de una serie fotográfica que captura y celebra la diversidad de identidades y expresiones de género. A través de la observación no participante, la experimentación artística y la colaboración con los integrantes de la escena, se logró desarrollar un proyecto centrado en la creatividad y el respeto por la autenticidad de las experiencias individuales, reforzando la importancia de documentar y honrar las historias de aquellas personas cuyas identidades han sido históricamente invisibilizadas.
Discusión creativa
Desde su concepción, esta serie fotográfica se desarrolló con éxito gracias a la colaboración entre la investigadora y la escena Ballroom Pereira. Este enfoque fue clave para evitar la representación cliché de su identidad y sus vivencias, y marcó un precedente en la importancia de abordar ideas creativas inclusivas dirigidas por personas que representan esa diversidad. Es difícil transmitir de manera auténtica algo que no se ha vivido; la experiencia personal y conexión con estos espacios permiten cuestionar y ofrecer una visión más completa. De lo contrario, existe el riesgo de caer en estereotipos, prejuicios y falta de objetividad, ya que las personas ajenas a estas experiencias pueden tener dificultades para comprender plenamente los desafíos y realidades enfrentados por estas comunidades. En lugar de imponer una visión externa, el proceso creativo se centró en la co-creación, donde las voces de la comunidad fueron las guías principales. Este enfoque no solo asegura una representación fiel, sino que también empodera a las personas al darles control sobre cómo son representadas.
La pregunta "¿y mañana qué?" sirvió como catalizador para explorar las implicaciones de la identidad en un contexto de marginalización y resistencia. Este interrogante invita a reflexionar sobre la importancia de reconocerse y definirse en un entorno que históricamente ha negado esa posibilidad a las comunidades olvidadas y vulneradas. La serie fotográfica, por lo tanto, no solo documenta, sino que también celebra la resiliencia y la autoafirmación de estas comunidades.
La House of Karma, con su estética oscura que evoca el poder y la energía divina, simboliza la fuerza interna y las aspiraciones hacia el honor, la gloria y la excelencia de sus integrantes. Aunque su nombre y su estética están estrechamente relacionadas con el nombre su casa, su actuar está enfocado en el dharma, destacando el valor del amor, el aprendizaje y las conexiones profundas.
Por otro lado, la House of Hunter encapsula la energía salvaje, atrevida, vibrante, parchada y rebelde de Pereira, combinando elementos de la calle y lo clandestino. Esta mezcla es lo que les permite reconocerse desde sus vivencias, reflejando una identidad forjada en la resistencia y la ferocidad. En un espacio donde ser cazador en lugar de presa redefine la narrativa de poder y transgresión, encuentran su verdadera identidad.
Yisus 007, una persona gay y negra, encontró en el Ballroom un espacio seguro para abrazar sus raíces y construir su identidad sin necesidad de alterarlas. Durante su paso por esta escena, perteneció a la House of Hunter, la cual le proporcionó elementos que influyen en su performance, ayudándolo a definir su identidad de manera individual y auténtica. Shadow 007, quien se identifica como “mariquita” y pertenece al género no binario, se ha permitido experimentar con su cuerpo desde la feminidad hasta la masculinidad, permitiéndose así explorar y entender su identidad. A través de este proceso, ha concluido que lo esencial es fluir libremente sin apegarse estrictamente a las normas de género establecidas. Ambos, como personas 007, han construido su identidad de manera individual, en medio de sus experiencias personales dentro del Ballroom y por fuera de este.
Uno de los mayores desafíos fue capturar la esencia de estas identidades en un formato visual que resonara con el espectador. Esto implicó no solo un dominio técnico de la fotografía, sino también una profunda comprensión y sensibilidad hacia las historias y experiencias de quienes formaban parte del proyecto. Trabajar en espacios donde habita la escena Ballroom Pereira no solo facilitó un ambiente de confianza, sino que también permitió que las imágenes transportaran al espectador a esos escenarios íntimos y significativos.
Estas fotografías son entonces el resultado de encuentros valiosos, con implicaciones tanto a nivel artístico como social. En el ámbito artístico, se demuestra el poder de la fotografía como herramienta para crear narrativas poderosas y significativas que trascienden las barreras del lenguaje. Las imágenes no solo capturan momentos, sino que también evocan emociones y despiertan sentidos, desafiando al espectador a ir más allá del ver, es decir, mirar. Socialmente, este proyecto subraya la importancia de espacios seguros y comunitarios como el Ballroom, donde las personas pueden explorar y afirmar sus identidades sin temor al juicio o la persecución. Al visibilizar estas comunidades y sus historias, se contribuye a un discurso más inclusivo y diverso, promoviendo la aceptación y el entendimiento.
Conclusión:
El interrogante "¿y mañana qué?", motivó una reflexión profunda sobre las consecuencias de la negación y marginación de identidades, reafirmando la importancia de estos espacios como refugios seguros donde las personas puedan explorar, reconocer y afirmar sus identidades. Como sostiene Almeida (1996), “la identidad, en consecuencia, no es sólo conciencia de sí, sino también localización fáctica de un individuo en el plexo social, y con ello, posibilidad de abrirse un sitio dentro de la complejidad social para acceder a bienes, recursos y servicios, ya sean estos materiales o simbólicos.”
En la actualidad, la imagen tiene un poder sin precedentes, dado que los estímulos visuales predominan sobre otras formas de comunicación, configurándose como una herramienta útil para la transmisión de ideas, captar la atención de manera eficaz y permitir mayor retención de la información. La imagen no solo comunica de manera inmediata y efectiva, sino que también tiene la capacidad de evocar emociones y fomentar la empatía. Este poder visual es particularmente relevante en el contexto de la inclusión y la diversidad, ya que cuando se utiliza de manera consciente y respetuosa puede desafiar estereotipos y prejuicios profundamente arraigados en algunos imaginarios.
La democratización de la imagen ha influido profundamente en la construcción de identidades individuales y colectivas. La posibilidad de crear y compartir imágenes a través de plataformas digitales y redes sociales ha permitido que voces y comunidades históricamente vulneradas tengan un espacio para narrar y visibilizar sus experiencias y luchas. La serie fotográfica desarrollada en este proyecto es un ejemplo de cómo la imagen puede ser utilizada para visibilizar la diversidad de identidades, grupos raciales y expresiones de género, replanteando los criterios bajo los cuales son imaginadxs en la representación mediática.
Este proyecto sobre las identidades en el Ballroom de Pereira es una celebración de la diversidad y la resiliencia. Más que condensar información, busca honrar la historia y cultura de este movimiento y agradece especialmente la participación y co-creación con sus integrantes, reconociendo su valiosa contribución a la narrativa que se construyó.
Impacto y aplicaciones
El impacto y las aplicaciones de este proyecto sobre inclusión, diversidad y la construcción de identidades, especialmente para personas negras y LGBTIQ+, se manifiestan en varios ámbitos de la sociedad y la cultura. En primer lugar, dar visibilidad a movimientos y colectivos como el Ballroom es crucial para que las personas pueden explorar, reconocer y afirmar sus identidades. Documentar y celebrar la cultura Ballroom de Pereira a través de una serie fotográfica, contribuye a un reconocimiento más amplio y una apreciación profunda de estas comunidades. Esto no solo desafía los estereotipos y prejuicios arraigados, sino que también ofrece una plataforma para que estas voces sean escuchadas y valoradas.
La conexión o el rechazo hacia la serie fotográfica por su contenido fiel a las identidades retratadas es otro punto esencial. La fidelidad con la que se representan las identidades en las fotografías puede generar una fuerte conexión emocional con aquellos que se ven reflejados en ellas, fomentando un sentido de pertenencia y validación. Sin embargo, también puede provocar rechazo en quienes no están acostumbrados o no aceptan estas expresiones de diversidad. Este dualismo es significativo, ya que cualquier reacción intensa subraya la capacidad del arte para generar diálogo y reflexión, siendo un indicador del impacto cultural de la serie.
Finalmente, la utilización de estas fotografías en espacios pedagógicos representa una aplicación práctica vital. Las imágenes pueden servir como herramientas educativas, facilitando discusiones sobre identidad, diversidad e inclusión. Integrar estos temas en contenidos educativos permite que los estudiantes comprendan y valoren la riqueza de las experiencias humanas diversas, promoviendo empatía y respeto desde una edad temprana. Además, pueden inspirar a otros proyectos artísticos y académicos que continúen explorando y apoyando la diversidad y la inclusión en distintos contextos.
Referencias Creativas
Almeida, J. (1996). Racismo e identidad: Fundamentos del racismo ecuatoriano.
Campos, J [@juanografoo]. Posts [Perfil de Instagram]
Chaparro, J. (2008). Antes de ser una mujer eres una negra. Estereotipos y construcción de identidades en un grupo de jóvenes en Bogotá
Giménez, G. (2005). La cultura como identidad y la identidad como cultura. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. México, 5-8.
López, V. (2018). Por qué es importante que haya representación LGTBI en el cine (y otras artes).
Madany de Saa, M. (2000). Los afroecuatorianos: el racismo y el estigma en los medios de comunicación y la publicidad (Master's thesis, Universidad Andina Simón Bolívar, Sede Ecuador).
Pineda, E. (2018). Las heridas del racismo: Efectos psicosociales de la discriminación racial en las personas afrodescendientes en América Latina. Iberoamérica Social: Revista-red de estudios sociales, (XI), 46-64.
Taylor, C. (1996). Identidad y reconocimiento.
Zambramo, N [@fotosbynicolas]. Posts [Perfil de Instagram]























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